Pedro Henríquez Ureña-XVI

Lux

(Inspirado en el dibujo Lo inasequible del pintor inglès Patten Wilson)

Fue en tiempos lejanos: cuando florecía
la raza de héroes bella y varonil;
cuando el milenario su sombra extendía,
cuando fe sincera las almas prendía,
y Amadises hubo, y hubo un Lohengrín.

Fue en tierras extrañas: reinos que se ignoran,
que en trágicos sueños puebla Maeterlinck
de bosques y alcázares do vírgenes moran
esbeltas y magras cual las de Puvis.

Era un caballero. Tanjoven: su frente
aún tiñe un destello de gracia infantil;
en su ser la vida es ritmo potente,
y un cielo de ensueños se anima en su mente,
que en sus vivas ansias se juzga feliz.

Si joven, anhela emular los nobles
rudos caballeros de fazañas mil,
que ha fuerza en su pecho cual de recios robles
y es diestro en las armas cual un Belianís.

Las historias cuéntanle las magnas proezas,
las dulces victorias tras la bravalid:
cuales por amores, cuales por riquezas,
cuales en defensa del patrio país.

El mundo a sus ojos magnífico extiende
campo de heroísmos, de lucha viril,
do triunfa el que osado su espíritu enciende
en el noble culto de un excelso fin.

A él seduce aquesta sublime armonía,
soñada en visiones de austero ideal:
la cumbre do esplenden, en perpetuo día,
la inmortal Belleza, la suma Verdad.

Nunca oyó en las trovas de tal maravilla,
concepto más santo que el Santo Grial;
fue en libros vedados a gente sencilla,
cual pasto de herejes y origen de mal.

Libros en que el griego Platón discurría
sobre la potencia fecunda, esencial
que anima del mundo la inmensa armonía,
cuya ley suprema descubrir ansía
afanoso, el hombre, con empeño audaz.

En nocturnos sueños vislumbró distante
un templo marmóreo, de blancura astral,
donde custodiaba querube radiante
el alto misterio: la Luz inmortal.

La Luz, fuente prístina de toda la ciencia,
fuente de la hermosa, perfecta Verdad.
Un solo destello más rara excelencia
dará a nuestra vida…
Firme en su creencia
el templo soñado partióse a buscar.

A través de tierras, feudos y ducados,
visitó castillos, donde gran señor
era el que, pirata de tiempos pasados,
expoliaba ahora en nombre de Dios.

Vio los caballeros de forma pomposa
armados y prestos a lucha feroz
por ofensa nimia, por ruin quisicosa
que desdén inspira cuando burla no.

Miró las princesas, gentiles y blondas,
servir de botines al más luchador;
i las pálidas vírgenes, de ojeras muy hondas,
en celdas sombrías soñando de amor!

Habló con los sabios, frailes y doctores,
de filosofía, saber superior,
mas no de sus labios escuchó loores
de las aromosas, de las ricas flores
del pensar amable, sutil de Platón.

A cuantos propicios su plática oían
la ruta del templo preguntó con fe;
e inquirió de todos qué ñn perseguían,
qué empeño juzgabanmás digno de prez.

Dijéronle muchos: el sacro tesoro,
la tumba de Cristo, salva del infiel.
En España: hidalgo, lucha contra el moro;
un sabio alquimista: de crear el oro
indaga do existe, oculto, el poder.

Contóle un trovero que en valles perdidos
se hallabala fuente de eterno placer,
el edén pagano de amores prohibidos,
el ansiado, espléndido, róseo Venus-berg.

Dìjole el piadoso, venerable anciano
Gumemanz: si aspiras al supremo bien,
si eres fuerte y puro, sin mancha, si ufano
renuncias los goces de tu ser mundano,
la gloria inefable del Grial te daré.

Mas nadie escancióle de la ciencia el vino
que dulcificara su ardorosa sed;
ilusión llamaron su templo divino,
y negaron, ciegos, la luz de su fe.

Al palor violáceo de un lento crepúsculo
llamó en apartada, severa mansión
que poblaba en casto y sereno júbilo
de una nueva Hipatia el semblante fúlgido,
del genio y la gracia mirífica unión.

Escuchó la dama sus cuitas. Y dijo:
-Sé extraños secretos de ciencia y dolor.
El templo que buscas con afán prolijo
existe… mas nadie sus puertas franqueó.

-Quizás un valiente de esforzada mano.
-Jamás: será víctima del fiero dragón.
-Yo habré de vencerle. -Tu empeño es en vano.- 
¡Soy el destinado a triunfar!
Partió.

Fue larga la ruta… Montañas bravías
do rugen locuras en rudo aquilón;
abismo de bocas siniestras, sombrías,
donde en ígneos vórtices gira la pasión.

Desiertos de mustias, estériles vidas
que consume el ansia de un mundo mejor;
jardines do extiende sus ramas floridas
el árbol maléfico de la Tentación.

Aurora irisaba el cristal sidéreo
cuando, cual contraste de más puro albor,
rasgando de nieblas el cendal etéreo,
a su vista el templo soñado surgió.

Mientras anhelante, rápido marchaba,
mil huellas extrañas a trechos notó:
rotas armaduras que el tiempo oxidaba,
cascos, esqueletos… ¡Ay de quien osaba
hollar del Misterio la austera región!

Cercano, extasióle tan alta armonía:
¡nuncatan radiosa, la que en sueños vio!
En el manso ambiente su gloria esparcía
el inmarcesible, divino Esplendor.

De los sauces glaucos surgía en la fronda
de mármol y acero firme torreón;
brillaba en su altura, cual regio Golconda,
premio ansiado, el ánfora de níveo licor.

Pero allí, extendidas las alas ingentes,
vigilaba el ángel exterminador;
y a sus pies abría sus fauces rugientes
el hambriento Enigma, el voraz dragón.

y endriagos perversos, junto de los fosos,
con fuerza indomable y astuta traición,
ataban con férreos lazos espantosos
al irreverente que avanzar osó.

¡Próximo su triunfo! El doncel avanza,
recoge el aliento con viva ansiedad;
embraza su escudo y enristra su lanza.
¡Mil otros peligros venció su pujanza:
ríndansele ahora los genios del mal!

Mas cuando llegaba frontero del pórtico,
invisible mano le ató sin piedad.
Agitó los sauces un rumor insólito
e hirió los espacios cual ¡ay! melancólico
de blancas palomas el vuelo fugaz.

¿Ansió un imposible? ¿Sus fuertes cadenas
romperá? No gime ni jura el audaz:
¡mitigando el torvo negror de sus penas,
emerge el destello que en ondas serenas
en tomo difunde la Luz inmortal!

Habana, 1905


florecitas

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