Pedro Henríquez Ureña-XXVI

Hacia la Luz*

I
(BYRON)
Agreste felino que airado destroza
de su cárcel estrecha las barras,
terror de las turbas,
el poeta de Albión se levanta,
desnuda les muestra su pasión rugiente,
y sus duelos profundos esconde
en la selva reclusa y callada.

(LEOPARDI)
Pensativo, observa
el bardo de Italia
el mar de la vida, cuya amarga onda
cada nuevo río torna más amarga.
“¡Cuál te lanzas en sirte de engaños,
triste raza humana,
y anhelando la dicha imposible
olvidas tu sino de eterna desgracia!”

(POE)
Sobre el fondo oscuro del ala de un cuervo
la noble cabeza de un bardo se alza:
la azotaron las rudas tormentas
y la asedia legión de fantasmas:
en el trágico horror de sus sueños
ve pasar la muerte con su roja máscara.

(BAUDELAIRE)
“Muerte”, —clama un triste—,
“vieja capitana,
acude, ya es tiempo,
levemos el ancla.”
Su lamento crece: “Tu piedad imploro,
mi única amada,
desde el golfo profundo y sombrío
do cayó mi alma.”

(SCHOPENHAUER)
Pensador que en el mundo descubres
una ley dolorosa y tiránica
que las floraciones de la eterna Vida
hacia el fin supremo —Destrucción— arrastra:
como hallazgo feliz de tu ciencia
¡nos muestras las ondas del letal Nirvana!

(NIETZSCHE)
Tú, burlesco y feroz Zarathustra,
sorprendiste la música extraña
de la fuerza indomable que aspira
a esplender más gigante y más alta:
al sentir que el titánico esfuerzo,
vencido, a la nota primera tornaba,
con satánico gozo exclamaste:
¡Recomience la danza macabra!

(HEINE)
Soñador que del Rhin a la orilla
evocaste la lírica hada:
deshacerse viste tus visiones frágiles,
muertos tus amores, pequeña tu patria.
Y cuentas: en trance
penoso me hallaba.
Pedí auxilio. Sólo me auxilió un valiente:
fui yo mismo. A nadie le debo las gracias.

(VERLAINE)
¡Oh cantor de tus íntimas luchas,
carnales deseos y místicas ansias!
Enemiga nube oculta a tus ojos
el sonriente cielo, la gloria del alba.
Y dices: tan sólo una risa hallo justa:
de las calaveras la risa nevada.

(CASAL)
Y tú, sollozante poeta del trópico,
a quien fueron odiosas y vanas
la armonía del fiero Caribe,
la grácil euritmia de la verde palma:
cuando en regios alardes tu tierra
de la luz al beso gozosa cantaba
de tu Dios, silencioso, inquirías:
¿Por qué has hecho tan triste mi alma?


¡Oh profetas de duelo y angustia!
Vuestra voz desciende, silbadora ráfaga,
desde un polo de nieves perpetuas
a la zona de luz y esperanza,
y marchita en los tórridos campos
la flor de alegría fecunda y lozana!

II
(HUGO)
Poeta ciclópeo
que un siglo quisiste llevar a la espalda,
y ser voz de la enorme leyenda,
himno de la historia, clarín de batalla:
leyendo el gran libro
aprendiste una augusta enseñanza:
¡la piedad suprema, el amor inmenso,
elevan y salvan!

(SHELLEY)
Joven portalira,
que en viril entusiasmo cantabas
el poema triunfal de la vida
cuando en mar traidora zozobró tu barca:
¡Prometeo en tu canto revive
y la diosa Tierra su genio proclama!

(CARLYLE)
Pensador austero
que exultaste la estirpe gallarda
de los héroes que alumbran y guían
el incierto impulso de la especie humana:
predicaste la fe y el esfuerzo,
noble acción y sincera palabra.

(RUSKIN)
Dulce evangelista
cuya frente serena tocaba
la Reina del aire con su lanza de oro:
en montes y lagos, en lienzos y estatuas,
admirabas la eterna armonía,
¡la belleza ideal, soberana!

(WALT WHITMAN)
Viejo bardo de blanca melena
y de luenga barba:
en el mudo existir de las cosas
la madre natura con vigor te habla:
el astro y la célula,
el hombre y el bruto, la roca y la planta,
lo pequeño y lo grande y lo ingente,
¡todo es uno, y hermoso, y lo amas!

(GUYAU)
Juvenil maestro
que bebiste en las límpidas aguas
de la ciencia mirífica y pura,
rica fuente y mansa:
A su ocaso descienden, dijiste,
las creencias un tiempo sagradas.
¿Qué ideal nos guiará? Laboremos:
en el fértil surco de tierra labrada
brotará, como flor de victoria,
¡el supremo ideal del mañana!

(HOSTOS)
Apóstol severo
a quien no arredraron las flechas insanas
de procaz Envidia,
de ruin Ignorancia,
de seres salvajes que en los bosques moran
de esta América niña e incauta:
“¡Destruid, —les retabas—, el mundo:
yo lo reconstruyo: la verdad me basta!”

(MARTÍ)
¡Oh bardo y guerrero,
que morir supiste, “frente al Sol la cara”!
Tu fecundo soñar de profeta
contempló redimida tu patria,
y a los pueblos, activos y libres,
marchar al progreso cantando un hosanna!

(IBSEN)
“Astro rojo del Norte lejano”
que invencible irradias,
creador simbólico:
Voluntad es tu héroe, y ensaya
levantar la magnífica torre,
libertar el oro que en las minas canta,
abrir a la huraña y oscura conciencia
la senda de vida más fuerte y más alta:
si no triunfa, ¡qué importa! flotando
quedará la Idea, su invicto oriflama!

Alma heroica, fecunda, potente,
que vives y obras, que sueñas y cantas,
que al abismo siniestro no temes,
y vas a la cumbre radiosa y gallarda,
¿qué a ti las heridas,
qué las malandanzas?
¡Milagrosa, tu fe te reanima!
¡Soñadora, tu ensueño te salva!
¡Y entonces, siguiendo tu segura vía,
el himno jocundo de eterna esperanza!


* Letras, La Habana, 15 de noviembre, 1905. La primera parte del texto dedicado
a Ibsen fue publicada como poema independiente en la Revista Moderna
de México, junio, 1906, p. 218, y en el Anti-reeleccionista, 20 de septiembre,
1909.


florecitas

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