Salomé-II

A La Patria[1]

Desgarra, Patria mía, el manto que vilmente, 
sobre tus hombros puso la bárbara cueldad; 
levanta ya del polvo la ensangrentada frente, 
y entona el himno santo de unión y libertad.

Levántate a ceñirte la púrpura de gloria 
¡oh tú, la predilecta del mundo de Colón! 
Tu rango soberano dispútale a la historia, 
demándale a la fama tu lauro y tu blasón.

Y pídele a tus hijos, llamados a unión santa, 
te labren de virtudes grandioso pedestal, 
do afirmes para siempre la poderosa planta, 
mostrando a las naciones tu título inmortal.

Y deja, Patria amada, que en el sonoro viento 
se mezclen a los tuyos mis himnos de placer; 
permite que celebre tu dicha y tu contento, 
cual lamenté contigo tu acerbo padecer.

Yo ví a tus propios hijos uncirte al férreo yugo, 
haciéndote instrumento de su venganza cruel; 
por cetro te pusieron el hacha del verdugo, 
y fúnebres cipreces formaron tu dosel.

Y luego los miraste proscritos, errabundos, 
por playas extranjeras llorosos divagar; 
y tristes y abatidos los ojos moribundos 
te ví volver al cielo cansados de llorar.

Tú sabes cuántas veces con tu dolor aciago
lloré tu desventura, lloré tu destrucción, [2]
así cual de sus muros la ruina y el estrago
lloraron otro tiempo las hijas de Sión.

Y sabes que, cual ellas, colgué de tus palmares [3]
el arpa con que quise tus hechos discantar,
porque al mirar sin tregua correr tu sangre a mares
no pude ni un acorde sonido preludiar.

Mas hoy que ya parece renaces a otra vida,
con santo regocijo descuelgo mi laúd,
para decir al mundo, si te juzgó vencida,
que, fénix, resucitas con nueva juventud; [4]

que ostentas ya por cetro del libre el estandarte 
y por dosel tu cielo de nácar y zafir, 
y vas con el progreso, que vuela a iluminarte, 
en pos del que te halaga brillante porvenir;

que ya tus nuevos hijos se abrazan como hermanos, 
y juran devolverte tu angustia dignidad, 
y entre ellos no se encuentran ni siervos ni tiranos, 
y paz y bien nos brindan unión y libertad.

¡Oh Patria idolatrada!  Ceñida de alta gloria 
prepárate a ser reina del mundo de Colón: 
tu rango soberano te guarda ya la historia, 
la fama te presenta tu lauro y tu blasón.

(1874)


Notas:

[1] La autora publicó estos versos alejandrinos con la siguiente nota: “Esta composición no alude a hechos de tal o cual gobierno determinado, pues desde nuestra independencia política principió a ensayarse el bárbaro sistema que reprobamos” (Ed. 1920).
[2] En ed. 1880: “lloré tu desventura, tu propia destrucción“.
[3] En ed. 1880: “y sabes que gimiendo, colgué de tus palmares“.
[4] En ed. 1880: “que te alzas victoriosa con nueva juventud“.


florecitas

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