Salomé-XXI

Tristezas 

A mi esposo ausente

Nuestro dulce primogénito, 
que sabe sentir y amar, 
con tu recuerdo perenne 
viene mi pena a aumentar.

Fijo en ti su pensamiento, 
no te abandona jamás: 
sueña contigo y, despierto, 
habla de ti nada más.

Anoche, cuando, de hinojos, 
con su voz angelical 
dijo las santas palabras 
de su oración nocturnal;

cuando allí junto a su lecho 
sentéme amante a velar, 
esperando que sus ojos 
viniese el sueño a cerrar,

incorporándose inquieto, 
cual presa de intenso afán, 
con ese acento que al labio 
las penas tan sólo dan,

exclamó como inspirado:
“!Tú no te acuerdas, mamá?
El sol ¡que bonito era
cuando estaba aquí papá!”


florecitas

Regresar a las obras de Salomé Ureña de Henríquez