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A Ercilia Pepín

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

Con motivo del homenaje ofrecido
a los veteranos del 16 de Agosto

Esos ochentiséis octogenarios
restauradores de la Patria, un día,
ostentan cicatrices a porfía,
blasones de heroísmos legendarios.

Alma de aquellos gestos libertarios
la dignidad los mueve todavía;
y al campo del honor los llevaría
si el honor los creyera necesarios.

Salve, noble mujer! feliz Maestra!
Pura Vestal llamárate, que aliñas
y festejas y escancias, con tus niñas,

Esos viejos de inmortal Palestra!
Que produzca sus frutos tu lección
objetiva de la Restauración.

(1921)

Publicado en Mota, F.A. y E. Rodríguez Demorisi. 1963. Cancionero de la Restauración. Editora del Caribe, Santo Domingo. Poema en dominio público.


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A José Joaquín Pérez

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

In Memoriam

A JOSE JOAQUIN PEREZ

Hay una lira que yace rota
entre laureles, mirtos y rosas
del cementerio.

En ella, tristes, como si fueran
sobre el regazo de madre muerta
los hijos huérfanos,

duermen en éxtasis, mas se despiertan
cuando la noche plácida llega,
alados genios

que entre perfumes sus alas baten
y en ritmo hermoso dan a los aires
dulces acentos.

Es Vaganiona, la flor sencilla
de una mañana, que, pobre víctima
de sus ensueños,

en ave mísera se convierte
y el quisqueyano bosque entristece
con sus lamentos.

Son las doncellas indias, que juegan
entre las flores, y el campo alegran
con sus areítos,

mientras las llaman para la diumba
los tamboriles de que retumban
lejanos ecos.

Son las endechas de Anacaona,
que por sus valles y por sus lomas
pasa diciendo,

cuando se aleja de su Jaragua,
muy dulces trovas hechas con lágrimas
y con recuerdo

Es el cacique Guacanagari,
que el alma enferma siente que un áspid
le va royendo,

y entre sus ruinas muere lanzando
los tristes ayes de sus amargos
remordimientos.

Es el magnífico Igi aya bongbe,
gloria de héroes y trovadores,
virtuoso ejemplo

que a un mundo ilustre da un mundo bárbaro,
cuando le dice “¡No seré esclavo!
iPrimero muerto!”

Del junco verde que canta y flota
sobre los mares, son las estrofas
llenas de fuego

en cuyas alas, envuelto en nimbo
de inmortal gloria, se alzó flamígero
el pensamiento

del venturoso, genial poeta,
prez de la patria, gloria de América,
cantor excelso

cuyas armónicas melodías,
cuando resuenan, van repetidas
por los jilgueros,

por los turpiales, por los sinsontes,
por cuanto dulce sueña en las flores,
por cuanto tierno

murmura y canta por los follajes,
cabe los ríos, sobre los mares
y sobre el viento.

Gallardas vírgenes de mi patria,
que generosas sentís el alma
llena de afectos,

y que solicitas las primeras
llegáis a donde toda belleza
reclama un premio;

bardos amigos, los de Quisqueya,
los que alma y vida dais por la idea,
porque sois buenos;

venid, las unas, y en la floresta,
como vosotras de flores bellas
colmad los cestos;

venid, los otros, y sobre el arpa
que arranque hondas quejas del alma
dad vida al plectro.

Que una corona sencilla y leve
sobre sus tumbas es cuanto quieren
los poetas muertos;

y para júbilo de sus almas,
son las que estiman mejores lágrimas
flores y versos.

No de otro modo luzca la ofrenda,
ni otra la forma del llanto sea
que derramemos

sobre la lira que yace rota
entre laureles, mirtos y rosas
del cementerio.

(1900)

Publicado en Peña Batlle, A. (ed.) 1944. Antología de la literatura dominicana. Serie IV – Literatura – Volumen I. Editorial El Diario, Santiago, R.D. Poema en dominio público.


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Campestre

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

En las horas de calma, mudos y cabizbajos,
como serios filósofos a quienes preocupa
intrincadas cuestiones de existencia, los árboles,
parece que meditan, parece que lucubran.

Qué pensarán, si piensan, del próvido regazo
que oprime sus raices y a par que los subyuga
los nutre de su seno como madre amorosa
por que crezcan las ramas en salud y robustas?

Qué pensarán del cielo que, amante, les envía
con paternal cuidado la luz de la hermosura
en tanto que los deja en triste cautiverio
sin alas con que vuelen, sin favor con que suban?

Quizás sepan que el cielo lo mismo que la tierra
es parte del gran todo que lo inmenso circula,
del cual son ellos átomos que van encadenados
a lo desconocido de una vida futura.

La evolución del Cósmos en que los seres varios
se transforman y cambian, acaso conjeturan
y aspiren a ser soles libres y rutilantes
para lanzar destellos y dominar alturas.

En las horas de calma, mudos y cabizbajos,
como serios filósofos a quienes preocupan
intrincadas cuestiones de existencia, los arbolas,
parece que meditan, pareoe que lucubran.

Mas la floresta invade súbitamente el céfiro
que locuaz, bullicioso, mueve, anima, susurra;
e impulsando el coloquio de las erguidas ramas
los pensamientos rígidos de su redor expulsa.

Ya son arpas los bosques; clarines, la enramada;
dulce canción el céfiro en las hojas murmura;
y los árboles serios, los árboles filósofos
olvidan por la fiesta las ecuaciones rudas.

Así también el hombre, de la tierra cautivo
y a «ruien hacia los cielos la inspiración encumbra
olvidará las nobles tendencias del espíritu
cuando de los sentidos el placer lo seduzca.

Tal es la ley; el mundo no es alma ni materia;
las leyes de la vida ningún mortal sojuzga;
si los excesos físicos enervan y aniquilan,
el meditar continuo cansa, entorpece, abruma.

Bellos campos de «Yasica»! árboles mis hermanos!
Compartisteis conmigo vuestro don sin usura:
me habéis hecho filósofo en las horas de calma
y hora me hacéis poeta cuando el céfiro arrulla.

Para los moradores de aquestos vuestros lares
que al huesped, cariñosos, dicha y solaz jprocuran,
por gratitud que en zaga de sus favores queda
otra merced os pide quien hermano os saluda.

Publicado en Osvaldo Bazil. (1915). Parnaso dominicano : compilación completa de los mejores poetas de la República de Santo Domingo. Barcelona : Editora Maucci. Poema en dominio público.


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Contrastes

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

Al distinguido poeta don Jose Joaquin  Perez

I

Se han besado el crepúsculo y la aurora, 
y ya la luz blanquea; 
en los mimbre se escuchan blandas notas 
y rumor de alas tiernas. 

Va creciendo en raudales de armonías 
 el himno de la selva; 
en las ramas del pino  canta el viento, 
el ave en la palmeras. 

Y en tanto que el dolor o la esperanza 
al espíritu inquieta, 
naturaleza, libre de ciudadanos, 
a la vida despierta. 

II

Se han besado el crepúsculo y la tarde, 
y ya la luz se aleja; 
en los mimbres  no se oyen blandas notas  
ni rumor de alas tiernas.

Van cayendo las gotas de rocío 
lágrimas de la selva; 
en los triste juncales flota el nido 
de la avecilla muerta. 

Y en tanto que el dolor o la esperanza 
al espíritu  inquieta 
dormida en el regazo de la noche 
está naturaleza.  

(Julio de 1894.)

Publicado en Saba, R. 2015. Trayectorias Literarias Dominicanas: Emilio Prud’ Homme. El Nuevo Diario. Poema en dominio público.


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El sepulturero

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

A fuerza de cavar la dura tierra
lleva encorvado el cuerpo;
tiene las piernas y los brazos rígidos
como los esqueletos.

Las cenicientas palmas de sus manos
de callos se han cubierto;
y se ven por el roce de la soga
agrietados sus dedos.

Está de la intemperie y del oficio
a los rigores hecho;
pero ya tiene retostado el cutis
y blancos los cabellos.

Triste el semblante, la mirada fría
de mirar tanto muerto.
Cuando habla parece que departe
con insepultos huesos.

Cuando va por las calles tan sombrío,
con sus pasos tan lentos,
se figuran las gentes que lo miran
ver pasar un entierro.

¡Pobre hombre! ¡Cuán lejos de la vida
ha vivido su tiempo
acostando a los ricos y a los pobres
en el último lecho!

¡Ah! por fin él también paga el tributo,
ya muy cansado y viejo,
acaso sin tener ningún amigo
que sepulte su cuerpo.

Y en tanto por doquiera se levantan
suntuosos mausoleos
de coronas ornadas y de flores
que él cuidó con esmero.

No se encuentra, aunque busque, la mirada
por todo el cementerio,
con una cruz que diga: «en esta tumba
yace el sepulturero».

Publicado en Rueda, M. (ed). 1996. Dos siglos de literatura dominicana (S XIX – XX) Poesía. Editora Corripio, Santo Domingo.. Poema en dominio público.


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En la mañana de la patria

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

Surge la aurora, nítido topacio,
y aparece en Oriente nuevo día;
las aves se alborozan, y el espacio
llenan de venturosa melodía.

Colúmpianse las flores inocentes
al soplo de la brisa matinal,
y sus cálices brotan a torrentes
por los aires aroma celestial.

Naturaleza toda se engalana,
y se alegra con ella el corazón;
es que nace la espléndida mañana
de la Patria, de la Restaiuración.

Salve! Patria feliz, Quisqueya amada,
numen sagrado que mi canto inspira;
no desdeñes la ofrenda delicada
que te viene a ofrecer mi humilde lira.

Recibe aqueste cántico ferviente
que en tu día, feliz el bardo entona
mientras luces de mirto la corona
que la gloria tejió sobre tu frente.

(Agosto 16 de 1882)

Publicado en Mota, F.A. y E. Rodríguez Demorisi. 1963. Cancionero de la Restauración. Editora del Caribe, Santo Domingo.. Poema en dominio público.


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En la playa

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

Esa roca es mi amiga de la infancia;
muchas veces subí por sus arrugas
hasta encontrarme arriba, allá en mis fugas
de la escuela, repleto de vagancia.
 
¡Cuán orondo poníame en la cima!
¿Qué buscaba? No sé: quizás la ciencia,
por instinto. que da toda eminencia;
quizás alivio contra el duro clima.
 
Pero sé que el ambiente de esa altura
me envolvía en fragancias deliciosas,
mezcla de olor de lirios y de rosas
y de algas marinas, Sé que la pura
 
diafanidad del límpido horizonte
me mostraba paisajes halagüeños
con los cuales jugaban mis ensueños,
ora miráse el piélago, ora al monte.
 
Y sé que en la mente enardecida
por los cuentos del mar, me recostaba
(sugestión de la fábula aprendida)
para oír las sirenas y escuchaba.

Escuchaba extasiándome, y ponía
toda el alma inocente en el deseo.
Son las sirenas fábula: lo creo;
pero yo las oía; las oía.
 
Como perdura la primera fuerza
que pone en movimiento cuanto existe,
sin que ni se se detenga ni se tuerza
el rumbo ya tomado, así persiste
 
en su primera fe la mente humana;
así dura el recuerdo de las cosas
que hablaron con el alma en las dichosas
horas que dio nuestra primera mañana.
 
¡Ah los recuerdos!… Cuando ya traspuestas
las horas en que el sol besa el oriente,
vengo en busca de tregua a las opuestas
batallas de la vida, gratamente
 
vienen a mi memoria los felices
días de juventud y de alborozo
en que di saltos y jugué dichoso
en aqueste arenal de áureos matices.
 
Y siento palpitar en mis arterias
el humor que encendió mis alegrías
cuando pasaba plácido mis días
sin temer asechanzas ni miserias.
 
Y juega en mi interior el pensamiento;
la ilusión del pasado me provoca;
sin dame cuenta trépome en la roca
y los paisajes a gozar me siento.
 
Vuelven a mí las algas y las flores;
y a despecho del tiempo y de las penas
oigo, envuelto del mar en los rumores,
el canto engañador de las sirenas.

(Mi libro Azul  P 94 fechado 1908)

Publicado en Mora Serrano, 2023. Revelaciones poéticas en mi 90 aniversario. Poemas de ayer, de hoy y de siempre (28). Acento. Poema en dominio público.


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Mediodía

Por Emilio Prud’Homme (1856-1932)

Como brillante sábana de plata
transparente la luz, cubre la tierra:
y la gloria del mundo se retrata
del mar en cada ola,
del campo en cada surco,
de la fuente y del lago en cada gota.
 
En la ardiente llanura
cada grano de arena es un destello,
cada hoja otro sol, y cada piedra
un diamante de fuego.
 
Se abraza la campiña;
el calor en las rocas reverbera;
vése temblando el aire
de tanto como vibra;
y en la cima del monte
los árboles parece que se incendian.
 
Ríndese el labrador sobre la yerba
de alguna escasa sombra;
el hacha se recuesta
de su próxima víctima, la dura,
centenaria caoba.
 
El soñoliento buey junto al arado
los ojos cierra y abre
a lentos intervalos,
mientras mueve la cola
del uno al otro lado
para espantar a la importuna mosca.
 
Y no lejos del dueño,
muy cerca del fogón en donde humea
la sopa, yace el perro
dejando ver la rubicunda lengua.
 
En tanto allá, muy alto,
en la cumbre del cielo,
el gran auto-fotógrafo se mira
en los mil ejemplos de su obra;
y mostrándose grato
a su labor de inimitable artista,
comienza a descender hacia el ocaso
dejándole a la tierra una sonrisa.

Publicado en Mora Serrano, M. 2021. El criollismo poético en Santo Domingo de 1901 a 1921. Agulha Revista de Cultura. Poema en dominio público.


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